Ir al contenido principal

La impresioné

-Espero no quedar en ridículo- Me dije a mi mismo con una voz nerviosa mientras arreglaba el corbatín que rodeaba mi cuello, color rojo debo añadir.

No puedo ni verla a los ojos -¡debe ser un pecado!- dije en voz alta.

Siento como si fuera a desvanecerme, pero no puedo pensar en otra cosa, su sonrisa e intensa mirada que acompañan a su dulce voz un poco rasposa, la cual encuentro completamente irresistible y su risa.. ¡Dios mio! 

Salí de mi habitación con una sonrisa incomprendible. Quedamos de vernos en una paletería.

Cada paso, cada metro más cerca, mi pulso y mi corazón lo sentían. Un crescendo irregular daba un acompañamiento a mis sentimientos indescriptibles.

Cuando la reconociera sería mi fin, mis células cambiaban de lugar cada segundo, ¡podía sentirlo! miraba mis manos como temblaban -incontrolable- susurré y me di una sonrisa.

-Tengo una sorpresa- pude imaginar su voz diciéndomelo a mi oído el último mensaje que recibí de ella, y mi piel se erizó por el abrazo de un escalofrío.

Llegué a la paletería no había nadie parecida a ella, un claxon me llamó. Mire por todos lados, tras 4 giros de cuello la vi, al volante de un carro, su sonrisa me llevo hasta ella. Ni una palabra salió de mi boca, y solo risas y sonrisas por parte de ella, mi cerebro no podía con tanto, apenas pude cerrar la puerta.

El carro comenzó a moverse, mis miradas revoloteaban, era imposible no dejar de verla, una parte de su cabello volaba con el aire de su ventanilla baja, y por otro lado era oprimido por el cinturón de seguridad, el cual me recordó ponerme.

-Eres muy nervioso - me dijo y seguía con esas risas que ella sabia, me enloquecían.

Nos dirigimos hacia la toma de la carretera, su cabello logró librarse del cinturón y no iba a la velocidad del viento iba mas lento, tal vez no era así pero yo lo veía de esa manera, mientras el atardecer quería participar de dicha imagen.

Mi cerebro demandó a todo mi cuerpo a ayudarle, ya no podía seguir de esta manera, todo esto era nuevo para él.

Antes de darme cuenta tomó una pequeña bajada al lado de la carretera tras recorrer unos cuantos metros aparco el carro detrás de unos arboles.

No era necesario que dijera nada, la seguiría a cualquier lado, no sentía mis pies sobre el camino, cosa que no importaba. Tomó una hielera de la cajuela y lo que parecía una bolsa con botellas de agua. Decidí cargarlas mientras que por último tomo un mantel a cuadros rojos y blancos.

No recuerdo que comimos, no importaba, solo recuerdo que no dije ni una palabra. 

Acostó sobre mis costillas su cabeza, y puso canciones con su celular, tardó 8 canciones para que ella cayera a dormir y a mi 3 más.

Estaba bastante oscuro cuando sus manos me despertaron, volví a ver su sonrisa con la poca luz que daba su celular.

Nos acercamos al borde de la carretera y tras unos arbustos me dijo que jugaríamos, esa era la sorpresa.

Me pereció un poco arriesgado el juego, era sobre convertirnos en conejos y al ver las luces saltar frente a los carros al estar ellos lo suficientemente cerca. Me dijo que la mayoría de la gente intenta frenar y evitar el choque, pero es imposible y que el sonido que hacen las llantas es espectacular. 

Lo hizo y tras un desliz el carro la alcanzó a esquivar. Vio su raspón y regreso conmigo.

-No debí traer sandalias- Me dijo mientras tapaba su rodilla y cojeaba un poco.

Vi un par de luces y antes de que ella llegara a mi lado, corrí a lanzarme, ella tenía razón el sonido era espectacular.

Tras el choque ella corrió a mi y me sonrió.

¡Como nos reímos!

No pude decir nada, por fin supe lo que era estar enamorado.

Fue genial. Nos divertimos mucho. Sin duda la impresioné.

Comentarios