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Una historia real

Soy un jodido escritor contando una jodida historia. Una historia de amor bien fea. No concibe un final feliz. Odio los finales felices. Mírame. Por favor, no dejes de verme. 


Es la típica historia que uno cuenta para tallarse a cincel lo idiota que ha sido. Que es. Y que será siempre. Contar cientas de historias es ya un suicidio. Amo quejarme y amo más no hacer nada. Y también amo mi drama. Pero hay cosas que jamás, nunca jamás, admitiré.

Mírame. Por favor, no dejes de verme. Soy un escritor contando una historia.

Llegará un día en el cual, desaparezca, desapareceré para siempre. Y será el primer día que no me veré desaparecer. Todos los días somos menos. Aceptar el deterioro es uno de los tres consuelo de los que un día mi padre me habló.

Todo nos mata: respirar y estar vivos.

Siempre habrá demasiado frío o demasiado frío. Demasiado calor o demasiado calor. Siempre tendremos alguna excusa para no vivir la vida que quisiéramos vivir.

Y luego está ella. Mirarla es corromper el tiempo, cortar el deterioro, avanzar hacia atrás. Y luego estoy yo: todo eso que no he aprendido a ser.

Ella.

Yo.

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