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Poemas en el bosque

Aquella semana viví un verdadero encuentro con la naturaleza, con el silencio y con aquel mundo lleno de magia que me proporcionaron los altos pinos de los Azufres. 

Pude disfrutar del clima más benigno del planeta, saborear las truchas más exquisitas que jamás había comido, contemplar de noche ese gran disco de plata que por su tamaño se parecía a la luna y pude entender muchos enigmas de la mente que por las prisas de la vida no podemos apreciar en plenitud.

Largas caminatas me sirvieron de terapia para olvidar los problemas cotidianos, el agua tibia que brota de los manantiales encendió muchos motivos que golpearon mi inspiración y la sombra de los altos pinos ejercen una influencia mágica en el cuerpo y en el corazón.

Fue en una de esas largas caminatas donde la vi por primera vez...

Isabel tiene aproximadamente seis años, y al acercarse a mi, me fue explicando que en las hojas secas de los arboles hay poemas que los grandes no podemos ver.

¡Quedé perplejo!

Me leyó de una hoja la historia de las sirenas, de las hadas encantadas, me dijo como se formó el mar y porqué vuelan la aves.

También me aseguró que Dios no existe y que el amor es un color y un aroma que nace de los corazones buenos y sensibles.

Me habló de cosas muy importantes y me leyó poemas tan bellos que no se encuentran en las antologías de ninguna biblioteca:

"En los arboles del bosque, puedes
encontrar mucho consuelo; tendrás 
deseos de vivir y de reír, luego estarás
contento de haberme conocido" 

Después de varios días  al volver a mi casa, sin saber porqué volví a leer el principito y lentamente me fui hundiendo en una especie de letargo, sentí mucho consuelo al mirar los arboles movidos por el viento y me sentí satisfecho y muy contento. 

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