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Y al final nada

Cariño, vamos a dejar de ser dos idiotas en un mundo idiota. Vamos a inventar el planeta otra vez. Un mundo a crayones, pequeño y seguro. Un planeta donde todo vaya al revés. ¿Y luego qué? Y luego nada.


Porque al final nada de esto tiene demasiada importancia. Nada de lo que escribo. Nada de lo que haces. Nuestras preocupaciones ya las han tenido otros. Y nuestros sueños. Somos lo que ya hemos sido. ¿Y eso qué? Y eso nada.

Míralos a ellos. Míralos en cualquier avenida. Caminando. Son gente cansada. Preocupados. Pero de algún modo todos hemos caído en la trampa. De algún modo todos creemos que las cosas que hacemos tienen relevancia. ¿Y para qué? Y para nada.

En realidad, la mitad de las cosas que decimos son mentira. Y la mitad de las cosas en las que creemos también son mentira. La gente dice que más vale prevenir que lamentar. La gente dice que después de la tormenta viene la calma. Y en general la gente dice un montón de estupideces. Pero después de la tormenta vienen otras tormentas. Y luego un día nos morimos. ¿Y después qué? Y después nada.

Y lo malo es la incertidumbre del día. No saber qué pasará mañana. No estar seguros de casi nada. Y nunca lo estaremos. ¿Y eso qué? Y eso nada.

Pero no te preocupes, cariño. Nada de esto tiene demasiada importancia. Si al final del día piensas que todo es una mierda, que la realidad es una fragilidad, estaré ahí para decirte que me pasa lo mismo y que no tengo remedios caseros con magia. ¿Y al final qué? Y al final nada.

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